A diferencia de lo que mucha gente cree, cuando se refieren al Salar de Uyuni, no solo se hacen referencia al propio salar, si no que por suerte, hay muchísimos más lugares que ven en esta zona del globo.
Cómo organizar el viaje al Salar de Uyuni
Generalmente, para visitar el Salar de Uyuni y sus alrededores, necesitarás 3 o 4 días, según el punto de partida. También existe la posibilidad de ver solamente el Salar de Uyuni en una excursión de un día completo, desde Uyuni. No obstante, si tienes tiempo suficiente, no te vas a arrepentir de hacer la ruta de 3/4 días.
Para disfrutar de estos paisajes de ciencia ficción, tienes bastantes opciones.
-Desde Uyuni. Cada día salen múltiples autobuses hacia Uyuni desde las ciudades más importantes de Bolivia, por lo que tendrás pocos problemas para llegar hasta aquí. Además, también cuenta con un modesto aeropuerto. Uyuni, que es el principal punto del que salen las expediciones al Salar, es un pueblo muy pequeño y destartalado, con poca oferta hotelera y de restauración, pero con muchísimas oficinas de agencias que organizan estas excursiones de varios días. Desde aquí, parten excursiones de 3 días que pueden acabar en San Pedro de Atacama o de vuelta en Uyuni. También es el único punto del que salen excursiones de un solo día. Los precios, suelen rondar los 100-150 USD en los tours estándar. Si prefieres opciones más cómodas y lujosas, el precio se incrementa.
-Desde Tupiza. Desde esta pequeña población al sureste de Bolivia, muy cerca de la frontera con Argentina, hay opción de hacer la ruta por el salar de Uyuni y acabar de vuelta en Tupiza, Uyuni e incluso San Pedro de Atacama. Desde este punto, al estar más distante, las excursiones suelen durar 4 días, y por lo general, son notablemente más caras, pues hay mucha menos oferta, a pesar de que cada vez hay más demanda. De hecho, en 2018 cuando nosotros hicimos la ruta, por cada tour, el todoterreno tiene un precio único cerrado, a dividir entre los turistas que se monten, por lo que si sois 4 viajeros, pagaréis la tarifa más barata, pero si sois solamente dos personas y no hay con quien compartir los gastos, pagaréis el coche completo (espero que próximamente y conforme esta ciudad vaya siendo más conocida, oferten tours regulares). Por este motivo, tuvimos que tomar un bus de Tupiza a Uyuni, y una vez allí, iniciar la ruta del Salar de Uyuni hasta San Pedro de Atacama.
-Desde San Pedro de Atacama. Desde el lado chileno, también parten excursiones de 4 días que acaban en Uyuni o de vuelta en San Pedro de Atacama. Las agencias suelen ser las mismas, pero el precio por lo general, acostumbra a ser más caro (alrededor de los 200 USD los 4 días en categoría estándar). Esta excursión es el complemento ideal en un viaje a San Pedro de Atacama.
Nosotros optamos por reservar con antelación a través de un portal web, y finalmente viajamos con la agencia World White Travel. El precio de esta excursión reservándola con antelación por internet fue de 135 USD por persona, e incluía la ruta de 3 días y 2 noches en régimen de pensión completa, tour guiado. Estoy convencido de que contratando la excursión in situ, es posible lograr un precio más barato, así que no temas quedarte sin plaza, pues en la propia Uyuni, hay oferta de sobra. Recuerda llevar unos 300 bolivianos extra para las entradas a la Isla Incahuasi, la Reserva Nacional Eduardo Avaroa y para usar los baños, que generalmente son de pago (alrededor de 7-8 bolivianos).

Qué ver en el Salar de Uyuni
La primera parada de esta ruta fue el cementerio de trenes de Uyuni. Decenas de trenes del siglo XIX descansan en esta llanura yerma, esperando ser cubiertos por la arena y la sal o convertirse en una montaña de óxido, lo que ocurra antes. Ya solo quedan los esqueletos de las locomotoras que fuero las responsables de transportar estaño, plata y oro desde Potosí hasta el puerto de Antofagasta.
Después de un par de horas de coche, sin previo aviso, nos adentramos en el gran Salar de Uyuni. Allá adonde mires, el blanco de la sal te acompaña. Quizá seas capaz de vislumbrar ciertas cumbres montañosas que ayudan a orientarse a los guías, pero reina un blanco impoluto. Un desierto sin arena. Cientos de kilómetros de sal bajo los pies. Es un lugar que si no fuera porque realmente existe, no podrías imaginar. ¿Cuándo visitarlo? Nosotros fuimos durante el verano europeo (temporada seca). Sin embargo, a finales de febrero, cuando comienza la temporada de lluvias como se puede ver en la segunda imagen, una fina capa de agua cubre toda la extensión del salar, dando una ilusión al observador de estar flotando en la nada. No hay suelo, pero tampoco techo. Allá donde mires, el azul del cielo. La siguiente parada fue para admirar la Isla Incahuasi. Este relieve volcánico que emerge sobre las múltiples capas de sedimentos de sal, se encuentra densamente poblado por cactus de proporciones inimaginables. El precio de la entrada son 30 bolivianos. Después de ver el atardecer caer sobre el horizonte de sal, pusimos rumbo al pueblo donde pernoctaríamos.

A la mañana siguiente, se fueron sucediendo una serie de lagunas altiplánicas a más de 4000 metros de altitud, cada una más espectacular que la anterior. La Laguna Hedionda, fue la que más nos cautivó pues en ella encontramos cientos de flamencos que nos regalaron varios desfiles aéreos perfectamente sincronizados. Pudimos observar cómo peinan el lago con sus picos en busca de plancton del que alimentarse, así como pudimos ver de cerca una cría abrigada con un denso plumón gris. No se queda lejos la Laguna Honda, con su precioso tono azul pálido. Por la tarde, comenzamos a ascender progresivamente hasta que el frío y el viento nos hicieron saber que estábamos rozando los 5000 metros de altitud. El paisaje volcánico con formaciones sinuosas y caprichosas aparecían ante nuestros ojos. Destaca el llamado Árbol de Piedra, una solitaria estructura rocosa esculpida por las ventiscas altiplánicas durante millones de años, que se halla en una extensa llanura desértica. Cerca de allí, pudimos acercarnos a un confiado zorro andino que buscaba comida cerca de nuestro todoterreno.

Después, pusimos rumbo a la Reserva Nacional Eduardo Avaroa. Tras pagar las tasas de 150 bolivianos (y sellar nuestro pasaporte con un sello muy chulo de flamencos), dimos un paseo por la rivera de la Laguna Colorada. De nuevo, te topas con un paisaje difícil de imaginar. Una gran masa de agua de tonos naranjas, salmón y rosa, atestada de flamencos. Es precisamente el plancton que otorga estas tonalidades al agua, el responsable del color del plumaje de los flamencos. Más tarde, llegaríamos a un campamento en medio de la nada, compuesto por edificios cuyas paredes estaban formadas íntegramente por sal.
Al día siguiente, nos despertamos bien temprano, para poder estar alrededor de las 5 am saliendo hacia el punto más alto de nuestro camino, donde se encontraban los géiseres de Sol de Mañana. Un auténtico espectáculo de vapor, charcas de lodo y fumarolas que le da mil vueltas a los géiseres del Tatio de Atacama. A casi 5000 metros, la temperatura exterior era de -18℃ y sólo pudimos pasar un par de minutos en este lugar tan mágico.

A media mañana y ya descendiendo a través de llanuras cubiertas por una alfombra de nieve, llegamos al Desierto de Dalí. Sin embargo, el trayecto no fue fácil, pues nuestro todoterreno quedó atrapado en un hoyo lleno de nieve, que tuvimos que retirar a mano para que las ruedas pudieran volver a tener tracción. Por un momento, pensábamos que tendrían que rescatarnos. En esta zona, a escasos kilómetros del control fronterizo, es posible parar y darse un baño caliente en las termas de Polque, que se encuentran a los pies de una laguna. Hacia el medio día, nos plantamos frente al majestuoso Volcán Licancabur, que custodia fielmente la frontera. Justo antes de cruzar a Chile, te encuentras con la maravillosa Laguna Verde, precediendo al volcán de casi 6000 metros que la nutre de arsénico y le proporciona ese color verde esmeralda tan característico. De igual manera, otros minerales de origen volcánico se depositan en la llamada Laguna Blanca, que se encuentra justo al lado.

Finalmente, pasamos el control fronterizo boliviano, que se halla en una enorme explanada con una corriente de viento que te arrebata hasta la última gota de calor que le queda a tu cuerpo, y nos dirigimos hacia el puesto aduanero chileno, donde tras una breve declaración e inspección de equipaje, llegaríamos a San Pedro de Atacama.
Dónde comer y alojarse en Uyuni
En Uyuni, hay poca oferta hotelera, y además, no suele ser de muy buena calidad. Sin embargo, no importa demasiado pues en esta ciudad como máximo pasarás 1 noche. Nosotros estuvimos muy a gusto en el Para coger fuerzas, cenamos en la Pizzería Minuteman, en el centro de la ciudad, un restaurante bastante recomendable, y también barato. Hostal Quinua Dorada. También hay un hotel muy cerca de la estación cuyas habitaciones son cabinas o vagones de tren, que parecía estar cursioso. Para coger fuerzas, cenamos en la Pizzería Minuteman, en el centro de la ciudad, un restaurante bastante recomendable, y también barato.
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