El séptimo día de viaje por la Carretera Austral (el trigésimo de nuestra odisea si contamos Cuba, Puerto Rico y Chiloé) lo dedicamos íntegramente a descansar y realmente fue una decisión muy acertada, pues nos quedamos como nuevos. Habíamos leído que la zona de Puyuhuapi era conocida por sus aguas termales, y qué mejor que pasar un día de balnearios para cargar las pilas de cara al tramo final del viaje. En Puyuhuapi existen dos termas principales. Las Termas Ventisquero son las termas que visitan los mortales en general (aun costando la entrada 18.000 CLP) y se encuentran a unos 10 minutos al sur de Puyuhuapi. Por otro lado, las genuinas Termas de Puyuhuapi que son un Lodge & Spa únicamente al alcance de unos pocos y adinerados afortunados. De hecho, están tan aisladas que hay que ir en barca cruzando el fiordo para llegar hasta ellas.
Nosotros, como humildes estudiantes que éramos, elegimos las Termas Ventisquero y dolorosamente desembolsamos 18.000 CLP (24€) por un pase de día completo. La verdad es que disfrutamos bastante pues compartimos las termas con apenas un par de turistas y estuvimos todo el día entero, exceptuando el almuerzo, ya que nos permitieron salir, almorzar en Puyuhuapi y volver a entrar de nuevo. Las termas en general están bastante bien, cuentan con 4 piscinas de diferentes temperaturas y puedes contrastar agua caliente con agua fría sumergiéndote en el fiordo, al cual da acceso una pequeña escalerilla.
Uno de los aspectos más chulos de estas termas son su localización privilegiada en medio del Fiordo de Puyuhuapi y eso facilita el avistamiento de cetáceos como toninas. Fue mágico estar completamente relajado en la psicina de 36ºC y de repente ver pasar a escasos 50 metros de distancia una familia de toninas.

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