El octavo día de viaje, fue al principio una gran incógnita porque no sabíamos muy bien adónde ir. Las opciones que teníamos eran volver a el Chaitén para volver a Puerto Montt antes y así poder hacer ráfting en el río Petrohué; o ir a Futaleufu para hacer ráfting en uno de los ríos más famosos para la práctica de este deporte de esta región. Tras hacer un par de llamadas, nos decidimos Futaleufu. El camino entre Puyuhuapi y Futaleufu es relativamente sencillo hasta que se llega a Villa Santa Lucía, donde tendremos que desviarnos en dirección a la frontera con Argentina. A partir de ahí la carretera pasa a ser de ripio y tardarás bastante en recorrerla. Nosotros empleamos unas 4 horas en hacer los 200 kilómetros de distancia.
Llegamos a Futaleufu hacia la hora de almorzar. Habíamos leído como recomendación el restaurante “el rincón de mamá” pero los precios elevados nos echaron un poco para atrás y acabamos comiendo en el buffet libre “Río Grande”, justo enfrente. Lo mejor, fueron el pastel de choclo y las milanesas.
Después de almorzar y dar un paseo por el pueblo, nos pusimos manos a la obra para buscar un lugar donde pasar la noche. No tardamos demasiado, pues encontramos sitio después de un par de intentos. Las cabañas “La Escondida” nos parecieron una opción estupenda y a un precio razonable (12.000 CLP por persona). El siguiente paso, era buscar alguna empresa con la que realizar nuestra actividad de ráfting. Lamentablemente, nos enteramos de que debido a las fuertes lluvias de las semanas previas, el río Futaleufu estaba demasiado crecido como para practicar ráfting de forma segura, por lo que nos tuvimos que conformar con hacerlo en el Río Azul, que es un afluente del Futaleufu. Confiamos en la empresa Outdoor Patagonia y pagamos 40.000 CLP por persona incluyendo transporte, 2 guías para nosotros solos y fotógrafo, así como la comida en el campo (que resultó estar deliciosa). Quizá una actividad algo cara, pero cierto es que el ráfting en el Futaleufu es más caro y es una de las zonas más populares para estas actividades.
A media tarde y con todos los deberes hechos, decidimos dar un paseo hasta la Piedra del Águila que corona imponente el Valle del Futaleufu. Para llegar hasta allí, tuvimos que conducir hasta un bosque después de cruzar un puente a las afueras del pueblo, y posteriormente caminar unos 2 kilómetros y medio (ascendiendo casi 400 m) hasta el mirador. La dificultad es baja y se puede hacer en una hora aproximadamente. El precio por entrar al mirador es de 1000 CLP y os lo cobrará un amable pastor que ronda la verja de entrada a la cima. Las vistas son realmente espectaculares, pero hay que tener sentido común y prudencia a la hora de acercarse a la Piedra del Águila porque un resbalón desafortunado puede regalarte 400 metros de caída libre.

De vuelta al pueblo, compramos cena y desayuno y nos fuimos a descansar.
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