Amanecimos temprano y bien descansados en Hornopirén dispuestos a tomar el ferry de las 9 que nos llevaría a través de los fiordos hasta nuestra próxima parada en la ruta. El ferry, gestionado por la empresa Transporte Austral, es la única manera de acceder a la Carretera Austral desde Hornopirén, por lo que es necesario reservarlo con mediana antelación. A nosotros, cuando estábamos visitando Chiloé, nos llamaron de la empresa para comunicarnos que nuestro ferry se había cancelado por temporal, y que nos movían al del día siguiente. Este tipo de incidentes son bastante frecuentes en esta zona del país y debéis tenerlos en cuenta.


El barco es enorme y tiene capacidad para 40 vehículos en la parte inferior. Las vistas desde la cubierta son sobrecogedoras, por lo que si puedes, quédate el máximo tiempo posible disfrutando del paisaje. Verás multitud de cascadas escondidas entre la frondosa vegetación, fiordos, volcanes y hasta pingüinos y lobos de mar. En el interior, hay aseos, una cafetería y una sala de estar con sillones. El trayecto dura unas cuatro horas y desembarcas en Caleta Gonzalo hacia la 1 de la tarde. De ahí, condujimos 56 km (1 h) por carreteras asfaltadas y de ripio hasta Chaitén. Chaitén es un pequeño pueblito pesquero cuyos principales atractivos son el volcán Chaitén, el Parque Pumalín y playa Santa Bárbara. Nosotros esta vez no visitamos ninguno de ellos, pero seguro que merecen la pena. Después de almorzar un buen Barros Luco en el restaurante Flamengo (justo en la costanera) repostamos gasolina y nos dirigimos hacia Puyuhuapi (188 km, unas 3 horas) por carreteras mayoritariamente asfaltadas a excepción de algunos tramos de ripio.

De camino a Puyuhuapi, encuentras paisajes espectaculares y tienes ganas de pararte cada 5 minutos a sacar fotos. Por destacar uno, el mirador de Laguna Blanca nos pareció espectacular, pero cada uno de los miradores del camino merecen la pena. También es una opción parar a descansar en las Termas del Amarillo (aunque nos parecieron un poco pequeñas y caras).

A medio camino, encontramos Villa Santa Lucía. Cuando nosotros llegamos, parte de la ciudad había sido completamente arrasada por un corrimiento de tierra secundario al desprendimiento de un glaciar de montaña. La escena era desoladora. Infinidad de troncos, barro y rocas ocupaban el valle entero.

Finalmente, tras pasar por La Junta, el impresionante puente colgante sobre el río Palena y el Lago Risopatrón, llegamos a Puyuhuapi. Allí nos estaban esperando nuestros amigos Henar y Ander, que se unirían en nuestra aventura por la Carretera Austral. Buscamos alojamiento durante un rato hasta encontrar el Hostal Don Claudio, donde pudimos pasar la noche por 10.000 CLP cada uno, muy cómodos. Fuimos a la tienda más cercana para comprar cena, desayuno y comida del día siguiente y nos acostamos pronto. Teníamos que descansar para visitar el Parque Nacional Queulat a la mañana siguiente.
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